La casa que dibujé.
Esta casa no la encontré. La dibujé. Y luego la levanté, piedra a piedra, pensando en las mañanas en las que no querrás hacer nada y en las noches en las que no querrás irte a dormir. 130 metros cuadrados. Dos plantas más buhardilla. Espacio para seis sin que nadie se pise. Y una solana que no mira «al campo»: mira de frente a la Sierra de Gredos. Lo que viene a continuación es la casa por dentro. Pero te aviso: las fotos no la hacen justicia. Nunca lo hacen.
A 15 minutos está Jarandilla, que es donde te llevan las guías. Tú estás en Talaveruela, que es donde quieres estar.
No es una casa luminosa por casualidad. Es luminosa porque decidí cada ventana para que la luz entrara donde tenía que entrar.
Chimenea que se enciende en octubre y habla hasta mayo. Calefacción y aire acondicionado para los días en los que La Vera decide ponerse seria. Cocina equipada con todo lo que hace falta para cocinar de verdad, no para calentar platos.
Y fuera, una barbacoa eléctrica. Elegí eléctrica a propósito: funciona también cuando la sierra está seca y está prohibido hacer fuego —que en La Vera en verano es así—.
La solana
Si esta casa tiene una joya, es esta. Una terraza-solana orientada a Gredos.
Las huertas delante.
Pájaros cruzando el aire.
Y la sierra.
Ahí está la mesa exterior para desayunos, meriendas y cenas —con cesto para subir viandas y platos—.
La barbacoa…
El lugar donde las sobremesas se alargan sin prisa.
Es el rincón que más cuesta abandonar el día que toca volver.
Bajo el techo de castaño
El salón-comedor es el corazón. Amplio, con la chimenea en su sitio, y con sofás para disfrutar reunidos con tu familia o amigos —como en tu casa—.
La cocina está completamente equipada. Y cuando digo equipada, digo equipada: horno-micro, lavavajillas, fogones, cafetera, lo que haga falta para que todo en el pueblo sea pan y vino.
Arriba el techo es de castaño. Si abres la ventana, huele a sierra.
Dónde duermen los tuyos
Tres zonas para dormir. Seis personas cómodas. Hasta ocho si hace falta.
El dormitorio principal tiene cama de 1,50 m y un sofá cama extra. Es el cuarto donde suele aterrizar la pareja que organiza el viaje.
En la buhardilla, una segunda habitación con cama de 1,35 m. Es el rincón favorito de los niños —o del adulto que todavía se acuerda de lo que era tener una buhardilla para él solo—.
Y en el salón, un sofá cama doble. Para la gente que llega en el último momento, para los que se quedan «solo una noche», o para cuando sois ocho y nadie quiere volver a casa todavía.
Llegarás y todo estará listo: cama hecha, sábanas limpias, toallas dobladas. A partir de ahí, la casa es vuestra.
Dos baños
Un baño completo arriba, con bañera de hidromasaje. No está ahí de adorno.
Está ahí porque después de un día andando por la Garganta de Cuartos, esa bañera es la diferencia entre «mañana no salgo» y «mañana repetimos».
Toallas, papel, lo de siempre. Todo.
(Y hay un aseo en la planta baja. Por si la cola de la mañana se hace larga.)
Ya has visto la casa. Ahora decide tú.
La agenda la llevo yo. Pregúntame por las fechas que tengas en la cabeza.
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